sábado, 20 de agosto de 2016

Roma



A mediados del siglo VII a.C. latinos y etruscos llegan al Lacio, siete colinas y mil vidas crean Roma, Rumón, Rómulo, Ruma, Amor.

Hay un antes y un después de visitar Roma.  Imperial y caótica se descubre en cada esquina como algo fantástico que siempre te esperó y que se quedará allí, virgen y desgranada, para mostrarse idéntica a tu regreso. Roma te invita a  vivirla cien veces, todas las vidas.

Roma te encuentra en Piazza Navona, con sus edificios construidos sobre las gradas del circo Agonalis y su Inés cristiana humillada en el centro de la plaza. La niña Inés que no aceptó las proposiciones de un oficial romano y fue desnudada en público mientras su pelo crecía para cubrirla. 


Con un sueño de cáligas en los pies intento llegar a todos los rincones de la ciudad, tarea imposible incluso para los habitantes de Roma. El tiempo pasa rápido y a mi me queda tanto por ver...

César me observa salir de la Feltrinelli con Plutarco bajo el brazo. Sentado en su silla curul de Largo di Torre Argentina espera a su hijo mientras recuerda a una faraona de nariz puntiaguda.

Sentada a la orilla del Tíber veo pasar la vajilla de oro y plata de villa Farnesisa  aún con restos de comida  del último festín del Papa. Y yo me imagino ser "La Loren" tomando un Macchiato freddo en Vía Veneto.

Todo el mundo tiene su sitio favorito en Roma... No sabes por qué eliges ese lugar pero no hay que darle vueltas, está claro que no lo has elegido tu... Me di cuenta al ver la cabeza de San Juan Bautista en Santa María degli Angeli, estaba girada hacia mi como diciendo..."Ciudadana, se te ha quedado el cuerpo cambril".

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